jueves, 15 de enero de 2026

TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN (y de Zelensky y de Maduro y de tal y tal...)

 

No hace mucho vi una película que creo es la más desagradable que recuerdo. Anticristos, posesiones, toda clase de secuencias adiaboladas nunca han sido tan crudamente retratadas como en esta historia. Y lo más escalofriante es la propia intencionalidad de la narrativa: el Diablo no existe, es una patología que puede curarse a fuerza de "reinserción" (ese final demoledor que tan bien exprime Dugin en las páginas finales de su POLITICA AETERNA). 

Rumiando el sabor acre, a cenizas del Averno, que me dejó la cosa, comprendí mucho mejor la profunda sensación de liberación, de esperanza, de RESETEO, que me había dejado ese final feliz de ERASE UNA VEZ EN HOLLYWOOD con Di Caprio evitando de carambola el destripamiento de Sharon Tate con un amigo, un perro y un lanzallamas.

Poco después de epifanizar con este trabajo de Tarantino, la realidad (antes de que Trump 2.0 retornase a la Casa Blanca) parecía reproducir ese momento final en un pequeño agujero negro de América Latina que estaba siendo redimido de su fatalismo miserable por un sujeto carismático y más quirurgo que demiurgo, cirujano de hierro (que dirían nuestros bisabuelos noventayochistas): El Salvador llevaba agonizando desde décadas sin la menor tregua a la esperanza hasta que llegó Bukele y mandó parar.

En Rusia llegó Putin unos años antes y también mandó parar. Quirurgos fríos e inexorables, con algo de aquellos alien que se supone ayudaron a una humanosfera incipìente, casi prehomínida, a elevarse piramidalmente a perspectivas inconcebibles de funcionalidad para esos tiempos: Putin desde la ciudad creada por el zar Pedro desciende a Moscú y todo empieza a cambiar: en cuanto a Bukele, tan ajeno desde su adn mediterráneo oriental al sempiterno lumpen latino, con esa disposición cool tan bizantina y tan siriaca, coge a los "Kevin" salvadoreños del cuello y los aísla de sus víctimas. Porque, a diferencia de la entropía políticamente correcta del chantaje moral y de la latría por lo disfuncional, la prioridad es PROTEGER A LAS VICTIMAS y no prestar más atención y cuidado a quienes las victimizan.

Ese final espantoso, demoledor, aberrante de TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN poco a poco (en Rusia, en Hungría, en El Salvador, en China, en Japón y, con sus tiras y aflojas, en el propio corazón USACO de Occidente) se va transformando en la fantasía salvadora de Sharon Tate, una salvación planteada sin contemplaciones, sin mórbidas justificaciones del actuar de los victimarios, sin priorizar los "derechos civiles" de los mansonitas, sin dar al Diablo la carta del SUPREMACISMO MORAL.

Hoy ese Diablo se refugia en los restos de discordia entre las grandes potencias, restos encarnados en esos regímenes disfuncionales, los "hijos de perra" rooseveltianos (esas diabólicas armas/peones que una potencia usa contra otra). Si se abomina de Zelensky, no se puede (salvo desde el cinismo de los peores hábitos de la Guerra Fría) justificar a Maduro. Lo que Trump y Putin están haciendo bien en relación con Ucrania (su consenso frente a las insidias de UK y de la UE), deberían hacerlo también para Venezuela, trascendiendo el falso dilema entre el tirano en el machito y la "cerda" (uso calificativo duginiano) aupada con el Nobel a liderar una oposición que lleva siendo impresentable ya desde los tiempos de CAP versus Chávez. Un acuerdo entre USA, Rusia y China sobre Venezuela para "singapurizarla", "orbanizarla", "bukelizarla", redimirla de su ya larga y cada vez menos soportable DISFUNCIONALIDAD. Si la MULTIPOLARIDAD del reseteo ha de ser auténticamente creíble, aquí hay una buena ASIGNATURA PENDIENTE que acometer.

No hay comentarios: