martes, 13 de abril de 2010

Palíndromo Luminar


Poema-palíndromo Luminar, lo prometido es dada.

G.Royo-Villanova


Palíndromo Luminar



LA ira -n-i mula luminarial

A mi rimar…

aparté letra para mi rima.

¡Ay! a lema dar bala.

Palo di,

pido la palabra.

Dámela ya.


Arte le ladra.

Ni mu le dice.

Decide Luminar.

Dale letra.


¿ Apartas sátrapa?

¡ Asúmala !

¿ Apartas, InCa ?

Al fin erudín,

ata luminar!

Acaso rara por reponer

Reno… perro ?

Para rosa cara ni mulata

ni dure,

ni flaca,

ni sátrapa.


¿ A la musa apartas, sátrapa?

Arte le ladra.

- Ni mu- le dice.

Decide Luminar.

Dale letra.


A luminar apetece

recete Para “N”i mula


¡Ay! A lema dar bala.

Palo di,

pido la palabra.

Dámela ya


A mi rimar…

aparte letra para mi rima

LA ira -n-i mula luminarial.


jueves, 8 de abril de 2010

Amberes




En el escudo de la ciudad de Amberes, sobre un fondo rojo se yergue una fortaleza blanca con tres torres, la del centro más alta que las que la flanquean, protegida, u ofrecida, a su vez por dos manos blancas que mostrando las palmas levitan sin ser prolongación ni justificación de sendos brazos.


Pero es posible que a pesar de estar abiertas, las manos no ofrezcan la fortaleza, puesto que es gesto reconocible del ofrecimiento el tender los dedos hacia el suelo, y en este escudo los dedos, al igual que las torres, se dirigen hacia el cielo. Como un mago que infundiese en su público la sorpresa al guardar entre los signos de admiración de sus brazos la aleteante paloma aparecida.


Es también gesto que indica buena intención o al menos carencia de armas, con lo que una eventual mala intención quedaría desactivada o algo corta, abandonada la defensa del bien o mal intencionado a las astucias del ingenio o de la magia que hace aparecer palomas blancas donde no las había.

domingo, 7 de marzo de 2010

La casa de pétalo


I´m standing on a hill
Until you come out from the mist
And then we kiss


No abundan joyas como Ashfield Avenue de la debutante y mágica compositora e intérprete Alondra Bentley en nuestro panorama; no nos merecemos algo así de grande. Es, en mi humilde opinión, el mejor disco publicado en España en mucho tiempo.

Posee una hermosura brumosa y críptica, totalmente curativa. La magnificencia de tiempos pasados bucea entre sus surcos, muchas son las referencias que Alondra maneja magistralmente para llevarlas a su terreno y construir su propio discurso. Un álbum –nada retro- que invita esencialmente a soñar. Un álbum, no un puñado de canciones sin ton ni son, que es lo habitual... Qué raro encontrar a estas alturas una rara y preciosa obra con su introducción –emocionante y romántica “Dot dot dot”-, su nudo y su desenlace, la absolutamente cinematográfica “Star for Mummy”; resulta curioso: al escuchar esta última y enigmática pieza pienso automáticamente en Maureen O´Hara entonando su nana hechizante al horizonte en aquella magistral película del primer Peckinpah.
Telúrica, magnética, inolvidable. Así es cada pieza que conforma el brillante Ashfield Avenue, ópera prima de escasos 35 minutos y sin embargo repleta de ideas y buenas intenciones que no me cansaré de reivindicar. Tan meditada y fresca, tan fluida y llena al mismo tiempo de significado y sabiduría. Y de vida.

Sounds to me like it´s more than fair

No tengo la suerte de apreciar dudosos fenómenos nacionales y altamente promocionados. Detecto en ellos algo artificioso y frívolo, sencillamente no me llegan. Por el contrario me asombra cada vez más descubrir la autenticidad de Alondra Bentley, sus cuidadísimas y maduras letras a pesar de su juventud, la impecable construcción de las canciones, su total delicadeza y elaboración al arpegiar la acústica, su perfecto inglés y -por encima de todo- una voz delicada y al tiempo potente, cálida y emocionante, capaz de abarcar muchos registros (posiblemente muchos más de los que ella imagina).
Una revelación en toda regla. Y ante esto, amiguitos, uno debe quitarse el sombrero. Celebremos que en nuestra música no todo está perdido; aún queda espacio para la esperanza.

Aprecio sobremanera que Alondra nos ofrezca un debut breve pero variadísimo. ¿Cómo sino se explica que pase del dramatismo de “Still be there” al aroma music-hall que destila “Of all living creatures, why a human being?” (más acentuado aún en la increíble “Giants are Windmills”, de la que hablaré unas líneas más abajo). O que de la traviesa y eterna “Shine” (que suena a viejo disco de pizarra de los que colecciona compulsivamente el genial Robert Crumb) nos conduzca seguidamente a la tristísima pero necesaria, única “The Petal House”.

Esta última fue la primera que escuché en directo por Alondra Bentley el pasado otoño; la fortuna me regaló otra noche de insomnio y decidí encender la televisión. Emitían a esa hora los Conciertos de Radio 3 de la 2 y descubrí un grupo liderado por una joven –que me pareció británica o canadiense- cantando esta emotiva balada que me llegó directamente al alma. Ese día acababa de descubrir a Elk City, pero A.B. me gustó muchísimo más. Me quedé pegado en mi sillón capitoneado y degusté el resto del concierto (lástima que lo pillé empezado) sin apenas respirar. Anoté rápidamente el nombre del combo; me sonó extraño, percibí una mezcla sanguínea interesante como las hermanas Baez o Karen Dalton. Cuando finalmente sonó “Sugarman” la noche se tornó excelsa y la habitación se llenó de luz y de aire. Mi habitual sentimiento de soledad desapareció en el acto al sonar aquello acerca de... ¿un hombrecillo de juguete, una marioneta de la infancia, un ser mágico que tan sólo habita en sueños? Tan cándida, escapista y catchy que me dormí en sus brazos aquella noche, soñando su mágica melodía, contagiosa y adictiva. Este pequeño vals ha sido mi canción preferida del pasado año, sin duda.

Seeds are signs to know your way;
cherish them; they´ll avoid your failure


No estoy de acuerdo. Alondra Bentley, a mi parecer, no suena tanto a Vashti Bunyan o Sandy Denny como se han empeñado algunos. A estas alturas ofrece algo propio, su música es inconfundible y atemporal; pero si jugamos a sacar referencias de la chistera por qué no citar a cantantes más desconocidas como la pionera Elizabeth Cronin (a quien personalmente adoro), las geniales hermanas (McGarrigle), la siempre hermética, misteriosa y profunda Nico. En el terreno de los caballeros, Nick Drake, indudablemente y otros grandes genios; también me vienen a la mente delicias como Magna Carta, Incredible String Band y toda la escena Canterbury. Incluso Dan Hicks & His Hot Licks. Pero no hace falta en este caso establecer comparaciones. Puede que nos hayamos acostumbrado demasiado a este juego interminable por lo impersonal y endeble de nuestra escena en general.
Eso sí, sueño con un duet algún día entre Alondra y mi preferido: Kevin Ayers.

Lo que sí es cierto es que Joe Boyd sería su productor ideal. Boyd entendería a la perfección el mundo de Alondra y sacaría el máximo partido a sus canciones. Si hay algo mejorable en Ashfield Avenue, por supuesto ajeno a la debutante, es la producción del disco. Es acertada y digna, desde luego, pero en mi opinión no está del todo a la altura de las canciones. Salvo en alguna pieza totalmente redonda como es “Shine”, posiblemente la mejor producida y arreglada: con cuatro detalles ornamentales muy bien aplicados el tema posee una atmósfera envolvente y perfumada; de diez. También Louise Phillipe sería un aliado de lujo con su habitual dominio de las orquestaciones y arreglos exquisitos. Pero bueno, es por poner alguna pega y sacar una mínima punta a algo que casi casi es perfecto. Posiblemente esta impresión puntillosa sea debida a mi esnobismo extremo.

These books won´t make me sneeze once they´re packed

Respecto a la temática de las canciones, la que más me ha sorprendido es “Giants are windmills”. Parece sacada de un viejo musical, tiene incluso un aire a Kurt Weill y la debería adoptar ya la RENFE: que suene a diario en sus modernos altavoces siempre que los trenes atraviesen raudos La Mancha destino la capital. Su referencia cervantina es, simplemente, sublime. Y su visión acerca de un viaje a Madrid es tan acertada y excitante... Lo dice un gato que lleva siglos atrapado en la cripta pombiana, soñando cada tarde el Madrid de Neville, Jardiel, Valle y Ramón e ideando una escapada imposible, el viaje contrario, hacia el mediterráneo. Me gustan mucho las canciones sobre mi ciudad, desde la inmortal de Agustín Lara (ojo, de autoría aún no aclarada a día de hoy: puede ser leyenda que fue escrita en algún oscuro burdel de D.F. muy lejos del “Agua, azucarillos y aguardiente” capitalino) a “Giants are windmills”, que dicho sea de paso tiene mucho más swing; de hecho es casi manouche.
Existen un puñado de buenas canciones que hacen referencia o tratan sobre Madrid. Esta es una de ellas.

También me ha parecido un acierto la elección de “I feel alive” como single del disco. Un caramelo irresistible con sabor a George Harrison en su estribillo, que celebra la vida y el optimismo, a pesar de los reveses y amarguras del pasado. El video es buena tarjeta de presentación para la joven Alondra. Y muy cuco el detalle del beso que Alondra le propina dulcemente a un dibujo animado. Tanta pureza teenager no abunda por estos lares.

Fast as a shot bullet came the night
Y, last but not least, el diseño del CD supone otra gran ventaja. Fotos de paisajes neblinosos y un sol crepuscular que se esconde entre las ramas de los árboles. Ahora que sabemos que Stonehenge ha sido una (maravillosa) broma, encuentro mucho más druida y celta estos parajes elegidos que tanto habrán inspirado a Alondra. La colección de fotografías es toda una declaración de principios. El artwork contiene tipografías sabiamente escogidas con sabor a caligrafía limpia y serena. Ningún detalle barroco, llamativo o fashionista. Un envoltorio elegante, perfecto para un debut de los que marcan época.

Saben que jamás lo hago (yo que soy tan alérgico a todo lo digital y tan poco seguidor de la industria discográfica y el marketing en general) pero por todo lo que he expuesto recomiendo efusivamente la compra de Ashfield Avenue.
Merece realmente la pena y, créanme, es un regalo fabuloso.
Ya me dirán...

martes, 2 de marzo de 2010

Aquel maldito

Caravaggio es El Bohemio antes de que la bohemia sea moda de galería para los burgueses ociosos y modo de vida inevitable para tantos artistas.

Es el viajero a los lugares de huída: Milán, Roma, Nápoles, Sicilia. París todavía no es el destino.

Caravaggio es el que encuentra en los conventos su refugio y la escapada, de tarde en tarde, en el burdel -la casa donde vivirán, tiempo después, los hijos de Baudelaire-.

Caravaggio, el del color del vino, también santo bebedor, como sus Bacos enfermos y enfermizos. El de tan mal vivir como mal vive. Ni su arte, como a tanto genio sucede, le salva de la muerte anticipada.



photo magdalena merlos

miércoles, 16 de septiembre de 2009

SU MEJOR PAPEL




lunes, 7 de septiembre de 2009

ÔDÔK, ÔDÔK


"La tierra te oye
El cielo y el monte te ven.
Si crees esto,
Llegarás a viejo".
Anónimo.

viernes, 4 de septiembre de 2009

KÔDÔ, KÔDÔ


“Nunca, en toda mi vida, he conocido una persona a la que pudiera someterme o a la que fuera capaz de admirar. Pero este monte Takagamine me mira siempre desde lo alto, diciendo:
`Kôdô, Kôdô´”.

Kôdô Sawaki.

miércoles, 1 de julio de 2009

Mandé ahorcarte por equivocación




Tú: ¿Sabes tocar aquello?

Yo: Soy joven

Tú: Pero es totalmente nuevo para tí...

Yo: Y soy capaz de hacerte vibrar

Tú: Conviérteme en una pieza de antología

Yo: A veces soy caprichoso pero te mostraré en todo momento un virtuosismo y una velocidad impresionantes

Tú: Tu asombroso vigor

Yo: Un infierno lleno de intenciones

Tú: Hazme subir la tensión

Yo: Me dirijo a tí como un diablo saltarín

Tú: Desconocido

Tú: Rehusado

Yo: ...

Tú: Ausente

Yo: Completa mi dirección. Indícame con xxx la causa de tu devolución

Tú: ¡Ábreme por simple tracción!

Yo: Pagaré tu franqueo

Tú: Lo veo...

Yo: Me paseo por el filo de las modas

Tú: A ultranza

Yo: Simbolizo plenamente la efervescencia de los ochenta

Tú: Incontestado maestro

Yo: Tengo un sólo ojo en la frente

Tú: En forma de reloj

Yo: ¡Te llegará la emancipación y surgirá la polémica!

Tú: La rabia de vivir, cariño



(7 minutos de silencio)



Tú: Inventa un argot porteño

Yo: ¿Específica jerga técnica?

Tú: Archiva mi expediente

Tú: Volvamos al lugar de la infracción. Rápido

Yo: Bien. Seré resolutivo

Tú: Es la hora de infringir lo habilitado

Yo: Sin duda, ha transcurrido el plazo

Tú: Así... ¡percúteme con tus índices! Allí...

Yo: El 26 de Mayo de 1942 revelé al mundo un irresistible tintineo

Tú: No pares, continúa la tramitación

Yo: Diriges el departamento de instrucción. Acataré tus órdenes de inmediato

Tú: Subdirígeme con tus rápidas gestiones. Hazlo

Yo: Servicio permanente

Tú: ¡Infringe todos mis preceptos!

Yo: Pero en días laborables

Tú: Descúbreme...

Yo: A mis 80 años todavía soy el que mejor sabe caldear el ambiente

Tú: Apasionantes aventuras

Yo: Tu lirismo me desborda con un mensaje limpio

Tú: La muerte de mi peluquero fue provocada por una tuberculosis extraordinaria

Yo: ...

Tú: Retenme a tu mástil por un arnés de seguridad

Yo: Apórtame tu evaluación

Tú: Te encuentro explosivo

Yo: Llevamos mucho tiempo así. Procede el sobreseimiento

Tú: En virtud de lo dispuesto...

Yo: Tengo motivos invalidantes

Tú: Circúlame pues

Yo: ...y fundamentos legales

Tú: Elévame, vamos

Yo: Te irás convirtiendo en terciopelo


Tú y yo. La luna, el sol. Primavera la espera. Verano la mano. Otoño un retoño. El invierno...¡un infierno! Eso es el amor. Sí señor.


¿O no?



ilustración: Joan Brossa (Barret-A 1988)

jueves, 28 de mayo de 2009

Fui enemigo de los goces sensibles




Empecé a trabajar en el mundo del cine cuando todavía era un adolescente, primero manejando la claqueta y después como brillante cantor de entreactos. Con aspereza y rigor impúber exasperé los ánimos de las guionistas que aspiraban a ministras. Considero que las imágenes cinematográficas, al ser objeto de deshecho en la sala de máquinas, no se acumulan sino que colisionan entre sí autodeslizándose sobre un colchón de vanidades y esa colisión tiene como principal objetivo crear estados de desesperación nerviosa y despertar al acordeonista de la sala para que asimile la "conclusión ideológica eliminada con apuntes al uso no autorizadas con frecuente acorde de orlas". A pesar de mis esfuerzos perdí pronto la facultad de expresión en la gran pantalla a causa de lesiones en determinadas zonas corticocerebrales, como consecuencia de un otoñal viaje a Italia junto a Ingrid Bergman. Representé de inmediato su cuerpo desnudo al modo realista del blanco y negro granulado y efervescente; fue una excelente excusa para permanecer 15 meses en Venecia, con visitas a Ferrara y Bolonia. Nuestra travesía prohibida de extramares me tentó a comer el fruto del árbol negro de la ciencia y peregriné a sus regiones más lluviosas.


Sin embargo me negué a comer la carne podrida y llena de gusanos de las subvenciones estatales. Ningún productor importante de hulla coquizable ha creído alguna vez en mi talento divino. Y eso que cumplo las premisas del cine ideológico comprometido y confiero a mis ensayos una muy cuidada estructura de comedia clásica en cinco actos que suelo titular en progresión recesiva. En cada uno de los actos desarrollo una acción del tema principal de mis películas: las montañas costeras que se elevan en la cubeta y dificultan la penetración continental. La diferencia principal entre mi hidrostática fílmica y la aerostática general del celuloide consiste en que debemos considerar la variación de mi densidad con la presión estética y la temperatura climática de las salas de proyección desacarizadas y precintadas. Argumentalmente un metraje idóneo -bajo mi punto de vista- está sometido a la reacción de la gravedad dramática y mantenido artificialmente a un ritmo constante y ultrapesado (secuencia isoterma ideal) resultando así la ecuación fundamental de la macroestática de situaciones ordinarias de actores baratos de escaso pelaje interpretativo. Mi plató de rodaje posee pocas fuerzas que se alquilan, con director o sin él, a particulares rabiosos.


Un lunes tormentoso mi suegra decidió producir de su propio bolsillo ocho películas con temática médica sobre extirpaciones quirúrgicas de amígdalas, pero mi excelente guión acerca de tumores epiteliales linfáticos no logró convencerla. Si las naves griegas tuvieron que esperar el sacrificio de Ifigenia para llegar a Troya, yo aguardé durante años a la puesta en práctica del método pedagógico ideado por las hermanas Agazzi, para sublimarme al fin ante el drago canario. Mi anciano tío abuelo carpintero falleció como consecuencia de la inhalación continuada de ácido acético, presente en la destilación de ciertas maderas. Heredé entonces su pequeño negocio de barrio de estilo italianizante arcaico, acervo que vino a redimir mis pretensiones fílmicas hasta entonces insatisfechas. Rodé el tránsito entre la vastísima zona que comprende los melodramas familiares rancios de sobremesa manchega y zonas adyacentes hasta el cine mitológico y bóvido de la negritud más recalcitrante, con aroma a pana gruesa de la Transición. Seguí mi propia tendencia: un movimiento propio basado en la valorización, la promoción y el estudio de realidades ocultas en lo patético y lo cotidiano de cada taburete, tambor, copa y poste. Me adapté al modo americano. Hoy me siguen dos millones y medio de pueblos pastoriles.


No estoy alineado. Filmé "Dreadnought" (1916) con un guión propio, elaborado a partir de una sinopsis realizada por el Teatro Proletario de Zou en colaboración con el marinero Vakulinchuk, sobre los hechos reales del acoplamiento en órbita protagonizado por los astronautas andinos en Julio de 1956, que finalizó con la unión sexual de todos los polos positivos de carácter estepario. Desde el día de su estreno me aportó fama mundial y se me considera uno de los grandes prácticos del decollage cinematográfico y el, por entonces incipiente, cine de micromasas castellano. Soy agauchado, tirano y aficionado a fabricar morteros para balanzas. En la diagonal árida de mi vida he ostentado durante varios lustros el título de "director revelación oxidado con problemas marinos". Confieso que he utilizado a lo largo de mi trayectoria desértica los más variados métodos de desmontaje: el arítmico, el antilumínico, el pseudointelectual, el contramétrico y el zarista. Soy simpatizante de recursos de tal calibre que me convierten en el aire que hace vibrar tus lengüetas libres.