lunes, 15 de diciembre de 2008

HISTORIA ABREVIADA DE LA REPÚBLICA POPULAR CHINA


"Cuando estaba en la cárcel, leí en la revista Life un artículo que mostraba a una niña china, de 9 años: su padre estaba a cuatro patas y ella apretaba un gatillo porque él era un chino "tío Tom". Cuando allí tuvieron la revolución, cogieron a una generación entera de "tíos Tom" y simplemente los liquidaron. Y en diez años esa niñita se convirtió en una mujer adulta. Se acabaron los "tíos Tom" en China. Y hoy es uno de los países más fuertes y más temidos de este planeta: para el hombre blanco. Porque allí ya no hay "tíos Tom"".
Malcolm X

miércoles, 10 de diciembre de 2008

LA FRAGILIDAD DE LA MEMORIA



«¿Quién soy? Eso es lo de menos, ahora y aquí, lo importante sería saber quién fui...»
(fragmento de una obra que no recuerdo haber escrito ni leído -¿soñado tal vez?-)





Cuando dejamos de ser: ¿en qué manos queda nuestro legado?



«Y no se suicidó en un ataque de insanía, por la angustia de no llegar a encontrarlo, por el contrario, acababa de encontrarlo, y de descubrir qué era y quién era él mismo, cuando la conciencia general de la sociedad, para castigarlo por haberse apartado de ella, lo suicidó.»
(ANTONIN ARTAUD)

viernes, 5 de diciembre de 2008

LAS CAPAS DE LA CEBOLLA

Empecemos a cavar hacia fuera; ya es hora
de terminar con letras, sepulcros y alfabetos,
murallas, gemidos, sed.

Sube las escaleras del fuego hacia el temblor
y destruye estos plomos humanos.
Sacrifiquemos.


Juan-Eduardo Cirlot


Me vais a disculpar por mi insistencia, pero tengo que recomendar otra visita a UBUWEB: he aquí un documental de Jean-Marie Drot, una ventana a la búsqueda que empujó a Alberto Giacometti a levantar capa tras capa de la apariencia para tratar de alcanzar el "corazón de la cebolla"; la eterna búsqueda del centro. La única pega es que está en francés, pero en fin. Durante algunos minutos le vemos trabajar en una de sus alargadas figuras, mientras conversa con el entrevistador: "No hay voluntad en lo que hago, es algo inevitable". Son resquicios de materia destruida, pendiente de un hilo, en el límite de la desaparición, "convirtiendo lo extenso en símbolo de soledad y desamparo", como diría Cirlot refiriéndose a la obra de Millares. Mantiene todo el tiempo una sonrisa enigmática, mientras sentencia, como quitándose importancia: "Para mí, el arte no es más que un medio de saber cómo veo el mundo exterior".

De nuevo el poeta barcelonés: "Al pintar, como al escribir, el hombre reproduce el mundo, y lo hace tal cual él lo desea. La igualdad absoluta entre expresión y forma conduce a una identificación total del alma con lo extenso; caos hasta que el esfuerzo humano ha pasado por él con su desesperada vocación para el orden". Giacometti quiere, precisamente, ordenar, que a su vez significa fijar lo que pasa, lo que se escurre entre los dedos como la arena. "La muerte es la única amenaza, ¿no es así?".

Se asoma el vídeo también a la etapa de su obsesión con la cabeza humana y ese acuciante deseo suyo por plasmarla en el espacio. En 1934, André Breton, desdeñoso de la vuelta de Giacometti al cuerpo humano como sujeto tras su etapa cubista y surrealista, se burló de él aduciendo que todo el mundo sabe hoy "lo que es una cabeza". Giacometti contestó bruscamente: "yo no", y abandonó para siempre a los surrealistas. En la cabeza humana veía un misterio insoluble, un objeto "vivo y muerto a la vez". Frente a la sorna de Breton por lo que él consideraba una vuelta a la figuración, una "postura reaccionaria", Giulio Carlo Argan señalaba: "En el caso de Giacometti no se puede hablar de "nueva figuración", pues él fue el más radical y consecuente de los escultores informales."

Tanto en Giacometti como en Cirlot, un apocalipsis feliz tras emerger la oscuridad de la sala de un cine; un cara a cara frente a la muerte, clave para esa emboscadura que devuelve la posibilidad de una mirada justa y en disposición de atravesar las capas de la cebolla.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

POLA Y EL FRONTISPICIO


Una seguidora del LUMINAR, Pola, nos hizo llegar, de la mano de Tiffauges, muy ajustadas ideas para renovar la cabecera amén de un espléndido bagaje de reflexiones e intuiciones expresados previamente en este IMAGINATIO VERA. Por problemas de tiempo y extremo rigor en su compromiso (ella sí que no tiene madera de quiste y, si entra en un blog, es para dar lo más y mejor de sí, nada de medias tintas ni promesas a medio cumplir), declinó de momento incorporarse a la OTRA GENTE luminarca aunque demostró seguirnos con atención como queda claro en esta entrada.



La idea inicial concebida por Dildo y un servidor. Juanjo (AKA Munjoie) la redimensionaría para adaptarse mejor a la estructura visual del blog.



Otra sugerencia de Pola. La más celebrada estéticamente cuando la mostré a los luminarcas en el Foro CAFEXPAN.



No tan detonante como la anterior en cuanto a impacto visual pero más rigurosa en el concepto. Sólo Dildo la defendió como favorita pero su defensa me hizo pensar en que, dada la condición entomológica de EJ en sus relaciones con la Naturaleza y la humanosfera, amén del simbolismo que para el mundo shadowliner tiene la mantis como alegoría zoomorfa de la hipocresía y el doble pensar actual, esa imagen de Jünger podía tener más enjundia que otras propuestas.


Juanjo, a lo largo de estos meses, había estado trabajando, a petición mía, en variaciones para la cabecera que incluyesen el lema corazonesco PARA OTRA GENTE. Sus ensayos, amén de su sugerencia última de usar la tipografía Didot (por la que EJ tenía un gran apego), fueron recogidos por Pola en su diseño final. De esta síntesis entre los trabajos de Pola y los de Juanjo nace la nueva y mejorada cabecera del Luminar.


domingo, 23 de noviembre de 2008

EL BELLO SUICIDIO

Curioseando en ese banquete babilónico que es UBUWEB, me he encontrado con Yûkoku: The Rite of Love and Death, un cortometraje dirigido por Yukio Mishima en 1966. Son 30 intensos minutos en los que se anticipa claramente el célebre suicidio ritual que llevó a cabo cuatro años después. Fue por eso que tras ello su mujer Yoko destruyó todas las copias existentes de esta película. Sin embargo, en el 2001 apreció un negativo que sobrevivió contra su voluntad y gracias a eso hoy podemos alimentar más si cabe nuestra fascinación (o, en otros, repulsión) por el último samurai. Aquí está:

Yûkoku es la única ocasión en la que Mishima se puso detrás de una cámara. La puesta en escfena es algo amateur, pero muy eficaz, minimalista y cortante como el filo de la katana. Todo se desarrolla en un escenario de teatro Nô, desprovisto de lo accesorio. Tan sólo se ve, en la pared del fondo, un cartel con un ideograma pintado, y un cuadrilátero que hace las veces de cama durante la escena de sexo. A la izquierda, el hashigakari, ese pasillo por el que los actores del Nôh se dirigen hacia el "mundo de los vivos". Sin embargo, no podemos encontrar los elementos de ese arcaico teatro en toda su ortodoxia: lo gráfico de las escenas violentas y la naturaleza de las actuaciones se aleja muy mucho de él. Yo solo puedo ver aquí un deseo, por parte de Mishima, de fijar ese destino en celuloide, y el despojamiento del Nô le sirve ante todo para centrar la atención en el acto del seppuku. Casi no podemos ver los ojos de Mishima, ocultos tras la visera de una gorra; pero sí muestra por unos instantes (cómo no) su cuerpo musculoso, trabajado a conciencia para después destruirlo en su obra final.

La historia casi nos la podemos imaginar: resumiendo (ya se explica todo en unos pergaminos escritos en inglés, que se desenrollan frente a la cámara), trata de una pareja unida por la muerte. Él es un militar fiel al emperador, que está implicado en un golpe contra el "corrupto" gobierno actual; sus camaradas lo ocultan por el amor que siente hacia su esposa. Pero el golpe fracasa y este, incapaz de asumir la obligación de liquidarlos, decide sacrificarse. Su esposa le sigue en ese sacrificio. La música que acompaña las imágenes es una crepitante grabación del Prelude und Liebestod de Richard Wagner, una adaptación orquestal basada en extractos de su ópera Tristán e Isolda. Parece ser que Mishima estaba muy complacido con esta elección, que amplifica la resonancia de las imágenes con la "muerte de amor" de Isolda.



Recomiendo echar un vistazo a esa web, es impresionante. Y ya de paso recomiendo también esta grabación del Tristán.

domingo, 9 de noviembre de 2008

GUILLAUME APOLLINAIRE

“Corazón mío ennoblezcamos la imaginación
frecuentemente la humanidad carece de ella
en todo esto el vicio no es sino una ilusión
que sólo engaña a las almas vulgares”

Guillaume Apollinaire: un figura al que no se ha dado la importancia que merece, y eso que ha sido objeto de un sinfín de guiños, dicho sea de paso algunos malintencionados como balas. Tiró de frente europeo para dar cuerpo al tan manido término de vanguardia (avant garde); entendió que las situaciones límite propician abandono de lastre y ascensión creativa; quebró la cabeza de los impresores al estampar sus caligramas… (caprichos de la letra sobre la geometría que luego pueden sorprendernos en Jardiel Poncela).
Y todo para más tarde la historiografía del arte cebarse con disimulo en él, porque se empeñó en llamar a todo cubismo (entre otras menudencias). No le perdonaron tanta contradicción tan bien traída. Él, cuya estética tan lejos estuvo precisamente del movimiento que a mí se me hace más antipático, fue precursor del surrealismo (y de nuevo posible inventor del término), para poco después ponerse del lado del metafísico De Chirico – la revisión surrealista del renacimiento italiano más cercana a la de Dalí- , y no creo que sólo por ser un francés un tanto italiano (De Chirico salió tarifando con el prepotente y de nulas miras -vamos, nada visionario- Breton).

Apollinaire, valiente en su concepto y su análisis y su descripción y su goce del sexo como un Baudelaire en la Guerra del 14: mucho en su vida fue, desde su nombre, cuestión de elles. Y como Baudelaire, crítico de arte, y sobre todas las cosas, poeta. La guerra del 14, decía, una guerra que vive en la otra cara de la misma moneda -la de Cèline, tan desesperada en la noche-, donde Apollinaire se maneja con más ingenio ¿o ingenuidad? al hacer acudir como acompañante el amor lejano y anhelado, paraíso perdido traído a la trinchera. Entre medias se me desdibujan los problemas que tuvo por su ideología y postura ante la guerra, de un puntapié lanzada a un extremo: su aura anarquista se transforma en cerril patriotismo a la francesa. Es la misma guerra que hace que cuando más tarde (reconozco que tardía) descubro a Cèline, encuentre en éste ecos de aquel.

photoclaroscuro

“Hace noventa años de su fallecimiento” (nueve del once del dieciocho) leo en la prensa en estos días, y lo agradezco, no tanto la noticia como la remembranza. Se ha festejado con la edición de las Cartas a Lou, dicen que inéditas por aquí. Íntegras no las conozco, pero sí, con las limitaciones de la traducción que casi siempre mata la poesía, parte de las mismas en unas “obras escogidas” que compré, en cierto modo movida por la sorpresa, en una feria de libro de ocasión (fecha 2002, lugar Teruel). Puede que a Apollinaire le hubiese hecho gracia, cerca de un frente, tan irónico y fortuito (como son los del amor) encuentro.

jueves, 2 de octubre de 2008

SEPPUKU




En "Arte y anarquía" Edgar Wind relaciona la experiencia estética con el instante del sacrificio: “Las personas que no pueden olvidar nunca lo que desean, y ejercen su propia voluntad en presencia de una obra de arte, están excluidas de la auténtica experiencia artística. La obra de arte, no menos que una verdad, exige un genuino y completo olvido del yo: actitud que repugna a muchas personas, mientras que otras la adoptan con perfecta naturalidad”. Se llegaría así a una suerte de seppuku, una muerte ritual en la que el oyente, el que contempla, el lector, se niegan y se confunden por un instante con la obra que admiran. ¿Quién recuerda, todavía, ese viejo rito?

viernes, 26 de septiembre de 2008

PURA FIEBRE



ilustración: THE LEFT HAND

sábado, 20 de septiembre de 2008

EVIDENTEMENTE

Buceando por entre la colección de artículos que dan cuerpo al último libro de Ángel González, "Pintar sin tener ni idea" (Lampreave y Millán, Madrid, 2007), me he encontrado con uno de gran interés, producto de una charla que dio en la Fundació Antoni Tàpies dentro del ciclo La imagen fantasma (celebrado en el 2006). Bajo el título "Evidentemente", este historiador del arte vuelve a abundar en su particular tirria a los surrealistas. Al "soñar despierto" y a la escritura automática que preconizaba André Breton -"para mí, soñar despierto es lo que hacen las secretarias cuando leen novelas rosas", apostilla González- opone los peligrosos e inquietantes trances en los que en ocasiones se dejaban caer algunos miembros del grupo, especialmente Robert Desnos. Se plantea aquí una interesante cuestión: qué hubiera ocurrido de haberse perpetuado aquella breve hegemonía de los médiums sobre los "simples soñadores".

Seguramente ya sabemos casi todos de la mandonería de Breton, que acabó por erigirse en juez último de lo surrealista y de lo que no lo era; pero lo que muchos quizá no sabíamos es que la facilidad mediúmnica de Desnos supuso un serio problema para su liderazgo y sobre todo para su proyecto de surrealismo. En esos trances, Desnos hace revelaciones alarmantes que finalmente llevan al jefe del cotarro a cortar por lo sano con lo paranormal y a conformarse con algo mucho menos peligroso e inquietante, pero también menos maravilloso: "soñar despierto".

Veamos la transcripción que hizo Breton de una de las visiones de Desnos en su "Entrada de los médiums":

"-Que voyez-vous?
-La mort."

Aragon, que acabaría también por conformarse con ello, escribe al respecto de estos trances: " En otras condiciones, y por poco que se agarrara a ese delirio, Desnos se convertiría en el jefe de una religión, el fundador de una ciudad, el tribuno de un pueblo sublevado..."

Desnos veía la muerte una y otra vez, y como comenta el autor, versado en este tipo de experiencias (no es mi caso), la de la muerte es una visión habitual en las ingestiones de ayahuasca y LSD; la muerte como prueba inicial para el paso a lo maravilloso. Por lo visto, casi todos convinieron en apartarse de esa amenaza mortal para refugiarse en un terreno algo más acogedor... yo no sé vosotros, pero cuando oigo lo de "soñar despierto", me echo a temblar. González, que prologó la última edición del Diccionario de los Ismos de Cirlot, dijo esto a propósito del poeta y su relación con los surrealistas:

"Pues aunque sé de sobra lo mucho que exagero sobre la índole diabólica del surrealismo, no me cabe duda de que Cirlot ha descendido a sus infiernos para regresar vivo de milagro y poder así visitar nuevos abismos, que ciertamente hay otros aparte de los cada vez más trillados del surrealismo, que ha dejado de ser una encantadora atracción de feria, como las que tanto atraían a Cirlot, para convertirse en un omnipotente y omnipresente parque temático: la clase de horrenda "factoría de sueños" con que ahora nos amargan la existencia. Os digo que Cirlot salió vivo de ahí, lo que tenía mucho más mérito que entrar, e infinito más peligro."

Atentos también a la definición que cita González del "automatismo psíquico" surrealista por parte del crítico literario Jean Starobinski (que estudió la relación entre Breton y la psiquiatría): "materialismo mágico". Y a propósito de la parapsicología y sus promesas para el surrealismo:

"La parapsicología del siglo XIX prolonga bajo una forma degradada, y con el auxilio de una teoría seudo-fisiológica, la tradición milenaria del entusiasmo sagrado y el dictado sobrenatural de la palabra poética. Con o sin el auxilio de la hipnosis, son los videntes y los médiums los que mantienen, incluso en los escenarios del music-hall, las imágenes de los adivinos y de la Pitia(...) Este bric-à-brac, este ritual de carta postal, estos fantasmas de circo, no tenían por qué disgustar a los surrealistas. A ellos les gustaban los azares callejeros y hacer descubrimientos en los mercadillos, y al fin y al cabo la parapsicología es un poco el mercadillo de la mente".

Pero dejémoslo aquí y limitémonos a recomendar la lectura de ese artículo, que estoy seguro de que estimulará el nervio común del Luminar. Advierto de que González habla de muchas más cosas en él: los médiums, los locos y la naturaleza de sus productos artísticos, Dubuffet y el art brut, la fiebre y su relación con el arte, las drogas, etc, etc...González conoce increíblemente bien la literatura artística, y es capaz de traer a colación tanto revistas de la época como correspondencias o novelitas oscuras... también gusta a menudo de irse por las ramas y de exagerar, pero suele ser divertido y muchas veces brillante, como en este caso. Supongo que Magdalena, que fue alumna suya, bien lo sabrá.

Si interesa, podría incluso subirlo escaneado; a fin de cuentas no se trata de subir el libro entero ni nada.

jueves, 18 de septiembre de 2008

MIRADA INTERIOR

photoclaroscuro


“La mirada interior. Escritoras místicas y visionarias en la Edad Media”, obra de Victoria Cirlot y Blanca Garí, acaba de salir a la calle en una nueva edición de Siruela. Solamente el título me ha llevado a un apunte de reflexión sobre la mujer narradora de su experiencia, en un espacio de literatura auténtica que sólo se conquista cuando la letra se despoja de inercias masculinas, o lo que es lo mismo y dicho al revés, cuando puede escribir como el hombre, sin el peso de su feminidad, constreñida a veces por las diferencias y complejos que señalaba Virginia Woolf, otras por el afán de una mal entendida igualdad. Son mujeres que escriben, ajenas a ese movimiento pendular que las limita. Las protagonistas de la entrada anterior serían ejemplos contemporáneos, como aquellas medievales, de una misma secuencia.
Así se me enlazan, puntadas de un mismo hilo a lo largo del tiempo, hechos como la mística y la iluminación en la obra de estas mujeres ¿evasión de la realidad y huida por la calle de en medio?, la censura de textos (como los evangelios de María Magdalena por aquello de que los hemos citado en alguna ocasión) o la exigencia de ese cuarto propio (cuyas paredes a veces obligan a la mirada interior) de la chica de Bloomsbury. Y hacen ridícula – ¡si al menos fuese esperpéntica!- tanta letra de épica feminista a la que se le ve el plumero, esa escritura de mujeres que es la que hoy vende, y lo que es más duro, se lee. Y no tanto ya por lo que cuenta, sino a quien va destinada: no conozco hombre alguno que guste de estos best sellers; no es éste el camino de la literatura universal. En la que no obstante, no faltan evidencias (sirva Baroja) de incapacidad para asomarse al interior de la mujer. Escribir es un verbo y el verbo no tiene género.