Curioseando en ese banquete babilónico que es UBUWEB, me he encontrado con Yûkoku: The Rite of Love and Death, un cortometraje dirigido por Yukio Mishima en 1966. Son 30 intensos minutos en los que se anticipa claramente el célebre suicidio ritual que llevó a cabo cuatro años después. Fue por eso que tras ello su mujer Yoko destruyó todas las copias existentes de esta película. Sin embargo, en el 2001 apreció un negativo que sobrevivió contra su voluntad y gracias a eso hoy podemos alimentar más si cabe nuestra fascinación (o, en otros, repulsión) por el último samurai. Aquí está:
Yûkoku es la única ocasión en la que Mishima se puso detrás de una cámara. La puesta en escfena es algo amateur, pero muy eficaz, minimalista y cortante como el filo de la katana. Todo se desarrolla en un escenario de teatro Nô, desprovisto de lo accesorio. Tan sólo se ve, en la pared del fondo, un cartel con un ideograma pintado, y un cuadrilátero que hace las veces de cama durante la escena de sexo. A la izquierda, el hashigakari, ese pasillo por el que los actores del Nôh se dirigen hacia el "mundo de los vivos". Sin embargo, no podemos encontrar los elementos de ese arcaico teatro en toda su ortodoxia: lo gráfico de las escenas violentas y la naturaleza de las actuaciones se aleja muy mucho de él. Yo solo puedo ver aquí un deseo, por parte de Mishima, de fijar ese destino en celuloide, y el despojamiento del Nô le sirve ante todo para centrar la atención en el acto del seppuku. Casi no podemos ver los ojos de Mishima, ocultos tras la visera de una gorra; pero sí muestra por unos instantes (cómo no) su cuerpo musculoso, trabajado a conciencia para después destruirlo en su obra final.
La historia casi nos la podemos imaginar: resumiendo (ya se explica todo en unos pergaminos escritos en inglés, que se desenrollan frente a la cámara), trata de una pareja unida por la muerte. Él es un militar fiel al emperador, que está implicado en un golpe contra el "corrupto" gobierno actual; sus camaradas lo ocultan por el amor que siente hacia su esposa. Pero el golpe fracasa y este, incapaz de asumir la obligación de liquidarlos, decide sacrificarse. Su esposa le sigue en ese sacrificio. La música que acompaña las imágenes es una crepitante grabación del Prelude und Liebestod de Richard Wagner, una adaptación orquestal basada en extractos de su ópera Tristán e Isolda. Parece ser que Mishima estaba muy complacido con esta elección, que amplifica la resonancia de las imágenes con la "muerte de amor" de Isolda.
Recomiendo echar un vistazo a esa web, es impresionante. Y ya de paso recomiendo también esta grabación del Tristán.
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domingo, 23 de noviembre de 2008
EL BELLO SUICIDIO
Publicado por
Los ojos sin rostro
a
15:32:00
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Etiquetas: vanguardias, Yukio Mishima
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