Hay un momento postmoderno (supongo que por aquellos pretextos de la "sociedad del espectáculo" y el culto a lo simulado -tal vez la cosa ya venía de antes con Manson, aquel cantautor con ambiciones de "Hijo del Hombre"-) en que la clase cómica se autocanoniza y con liturgias como los "Goyoscar" (igual da que da lo mismo) afirman un supremacismo moral basado en la más completa incoherencia, desprecio por la REALIDAD (el Mago de Oz -tan fetiche de la clase cómica, mejor cuanto más queer- en lidia eterna contra Pero Grullo) y pornografía de la buena (o sea, de la buena conciencia).
La lógica conclusión: que su máximo referente hoy sea un emanado del Club de la Comedia, el simpar Zelensky, el judeosimio de Hitler (ese antimesías histriónico de quien su subordinado Speer dijo que su máximo anhelo era convertir Alemania en un escenario digno de Cecil B. De Mille)... Quien antes de ello había encarnado a un político en la ficción audiovisual.
El cómico actúa (en tanto que actuación), ergo es irresponsable. La responsabilidad implica gestión, esto es, actuar (en tanto que acción). Sangrienta paradoja que un mismo verbo admita dos significados completamente opuestos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario